Pati del Palau de la Diputació, Tarragona.
Del 28 de julio al 29 de agosto de 2010.
31 de Julio de 2010.
En el gran marco del patio central de la Diputación de Tarragona se celebró el acto inaugural de la exposición del pintor Tomás Olivar, uno de los acontecimientos artísticos de la temporada, y que el mismo ha querido bautizar con el nombre de “Nova Imperial Tarraco”, para dejar plasmados los rincones de la ciudad tal como son ahora mismo, pero vistos con su ojo privilegiado y con unos colores que son una expresión rotunda de imaginación y de belleza armónica. No son los colores de un paseante por las calles de Tarragona, pero sí son los colores de Olivar, un artista que ha seguido evolucionando durante su vida, y que lo sigue haciendo, siempre de unas líneas y unos matices muy propios.

Tomás Olivar, emocionado, agradece el público su presencia
Ahora nos trae algo más de una veintena de obras de gran formato, en las que el dibujo geométrico del artista es fundamental, como lo ha sido siempre, porque es un gran dibujante, como dejó demostrado en aquella colección publicada hace años. Y junto al dibujo, la luz y el color derivados de una pupila privilegiada. No sabría con que cuadro quedarme, pero citaré algunos, como esa Tabacalera verde sensacional; o la gran casa amarilla de su obra “Divergents i convergents” , el rojo tremendo del “Rellotge i far”, y esa pluralidad estupenda de las Teresianas, la casa de la Puntxa y otros dos edificios de la Rambla. Podría ir deteniéndome en todos ellos, porque en todos ha puesto el alma su artista creador. Creo que esta no es solo una exposición más, a unir a las 102 realizadas en su vida, sino que es única, y quedará para siempre en el recuerdo. Por cierto, si quieren otro recuerdo más pequeño, conserven el catálogo, porque es una maravilla de impresión y colorido, por el que hay que felicitar a la Diputación y a los impresores.
PALABRAS DE ANTONI JORDÀ
El acto inaugural fue presidido por Josep Poblet, presidente de la Diputación, con los señores Vallvé y Fernández, el propio artista, y el catedrático Antoni Jordà, de la facultad de Derecho, quien hizo la presentación de la exposición, cosa que ha hecho también en el catálogo, con unas bellas páginas tituladas “Tomás Olivar: imagen real contra realidad imaginada”.
 Antoni Jordá comenta la obra de Tomás Olivar |
 El presidente Josep Poblet cierra el acto |
Tras expresar la satisfacción por la gran asistencia y agradecer que el artista se hubiese acordado de el, expuso algunas breves sugerencias sobre lo que el público puede encontrar en las obras de esta muestra, sugerencias que en Olivar han cambiando desde que era profesor de la Escuela Taller de Arte, a algunos de cuyos maestros citó.
Dijo que veía en el artista una evolución constante en su vida creativa y en su enorme vitalidad artística y humana. En este nueva “Nova Imperial Tarraco” nos trae una nueva etapa creadora y una nueva forma de ver Tarragona. Destacó su pupila cromática, con una nueva explosión de colores, una pupila que, lógicamente, no es la nuestra, para bien nuestro, y para el bien del arte, porque es una nueva forma de ver el arte.
 Un aspecto de la sala, repleta de público |
 Otro aspecto de la sala durante el acto inaugural |
Hay aquí nuevas impresiones, que rompen con lo que nosotros llevamos años considerando como clásicas, y aquí coinciden unas raras y nuevas ucronía y utopía, porque ve una realidad distinta a la que vemos los demás. Es una etapa nueva, en una larga carrera, carrera que deseó tenga una larga prolongación de muchos años.
PALABRAS DE TOMÁS OLIVAR
Tomás Olivar fue brevísimo en su intervención, porque lo que tenía que decir lo había dicho con sus pinceles, y estaba a la vista de todos. No puedo expresarme de otra manera. Agradeció la presencia de todos y dijo que esperaba que lo visto agrade.

Un rincón de la sala
INTERVENCIÓN DE JOSEP POBLET
Cerró el acto inaugural Josep Poblet, que comenzó agradeciendo su labor al grupo de trabajo de la casa en temas artísticos, que dirige el vicepresidente Albert Vallvé, y destacó el precioso catálogo y la brillante presentación de Antoni Jordà.
Habló de la constante vinculación de Olivar con la Diputación desde hace años, y de su constante compromiso con la pintura, que ha sido doble, como maestro en la Escuela de Arte, y como artista que ha sabido plasmar todas nuestras comarcas, y ahora la ciudad. Recordó la privilegiada situación de su estudio, en el Pla de la Seo, lugar desde donde toma el pulso a Tarragona cada mañana.

Otro atractivo rincón del Pati del Palau de la Diputació
Afirmó que nos presenta ahora una nueva visión de la ciudad bimilenaria, pero con unos colores que impresionan y con un festival interpretativo. Incluso nos trae edificios que se construyen aún, o carteles de tráfico como uno que indica “aeropuerto Constantino”. Y siempre, en todas sus obras, hay sensibilidad, emoción y una visión muy personal de la evolución de nuestra ciudad.

Dos espectadores contemplan algunas obras
Una ciudad, añadimos, que Tomás Olivar hizo suya hace muchísimos años, para su propio deleite, el nuestro, y el bien del arte actual. La sala estuvo repleta de público amante del arte, que admiró con deleite la obra de Olivar. El acto se cerró con un aperitivo y numerosas felicitaciones para el pintor.
PEDRO J. ORTEGA

Algunos espectadores comentan obras del artista
SEMBLANZA DE TOMAS OLIVAR
Por César Pastor
En el regio patio acristalado de la Diputación, Tomás Olivar ofrece estos días a la contemplación de los tarraconenses una muestra pictórica constituida por una veintena de cuadros de gran tamaño en que abundan los paisajes urbanos de nuestra ciudad, especialmente de la Parte Alta entre cuyas piedras palpita la Tarragona eterna. De la crónica de esta inauguración ya se ocupa con sapiencia y soltura periodística nuestro compañero Pedro Ortega.
Tomás Olivar es un artista de reconocido prestigio entre nosotros, con largos años de experiencia en el arte de la pintura y con un brillante curriculum como profesor en la Escuela de Arte y Diseño de Tarragona, de cuyas enseñanzas se han lucrado varias generaciones de alumnos. Desde luego es un maestro consumado del dibujo, que él practica en trazo grueso, con seguridad y eficacia, y su palmarés artístico está repleto de premios y galardones que ha cosechado a lo largo de los años. Una de sus obras antológicas es el mural de 5x2 metros pintado al óleo en el oratorio del Colegio La Salle de Tarragona, en que aparece el santo lasaliano Jaume Hilari rodeado figuradamente por alumnos y familiares del propio pintor.
Nuestro artista suele trasladar a sus lienzos la realidad escueta tal como es; pero a veces también estiliza o difumina esa realidad para que la veamos a través de sus ojos y de su enfoque espiritual. Entonces el pintor distorsiona adrede un poco los modelos, o bien los altera aplicando un intenso cromatismo irreal a los objetos y a los celajes para que nos impresionen más que observándolos directamente del natural. Con esto nos presenta una visión idealista e idealizada del tema. Lo cierto es que Tomás Olivar posee un estilo propio personalísimo, libre e inconfundible, que no parece tributario de ninguna tendencia pasada o presente en el arte pictórico. Hoy exhibe en la Diputación unos vistosos retazos de nuestra geografía urbana; pero a veces se recrea en la representación de embarcaciones diversas, con predilección por las velas latinas, triangulares, henchidas al viento, con sus jarcias y obenques, en unas imágenes plásticas, inspiradas y rítmicas cuya contemplación produce en quien las mira una sensación de suave céfiro refrescante, sobre todo en la tórrida canícula que estamos soportando. Cualquiera que sea el modelo, el artista sabe combinar elementos a fin de que el conjunto resulte siempre una síntesis armónica y bella.
Hace poco visité a este veterano artista en su estudio, ubicado en la parte más eminente de la Tarragona vieja, ante el mismísimo frontispicio de la Catedral. Allí Tomás Olivar no oculta ciertos atisbos de su romanticismo inconfeso que quizá sea un trasunto de su alma. En las diversas salas del amplio taller se acumulan docenas y más docenas de cuadros de diversos materiales y tamaños: unos, acabados; otros, incompletos o en proyecto, en bosquejo o en diseño; pero también aparecen por doquier carpetas hinchadas, preñadas de láminas con dibujos y esbozos, así como libros y centenares de objetos heterogéneos de los que el artista ha hecho acopio a lo largo de su vida y que ahora se hallan recogidos en vitrinas o esparcidos sobre mesas y sillas, en premeditado desorden, o pendiendo de las añosas paredes. Allí destaca un libro de considerables dimensiones que contiene dibujos de todos los pueblos de Tarragona realizados por el maestro. Y no falta en este laboratorio artístico un viejo piano que Tomás Olivar compró en Lleida, huérfano de afinación, con su teclado de marfil amarillento y raído, pero con un pasado egregio, ya que en este piano pulsó sus primeros arpegios nada menos que el malogrado Enrique Granados, el de las célebres "Goyescas" y de quien se ha dicho que era el "Chopin español".
Al margen de todo eso, Tomás Olivar es un hombre amable, comunicativo y un excelente conversador. Casi siempre se toca con un sombrero de fieltro, que es como un complemento de su personalidad. Antes que sus dotes artísticas me cautivó su humanidad, su inagotable capacidad de juicio crítico en toda clase de temas, sobre todo de actualidad, que él comenta con lenguaje ameno, variopinto y zumbón.
Hoy, con motivo de su exposición en el patio de la Diputación, he querido dedicarle estas líneas como expresión de mi estima personal y sincera amistad. Enhorabuena, Tomás.
César Pastor
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GALERÍA VIRTUAL.
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