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WEB DE ARTISTA
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Joan Odena (Tarragona, 1942) nació en la popular calle del Cos del Bou, en la parte
alta de la ciudad. Fue discípulo del pintor Antoni Cartanyà Solè; en el estudio del
maestro comienza su vocacional camino artístico a través del dibujo y la acuarela,
técnica en la que gana, por dos años consecutivos (1960 y 1961) el primer premio
Juvenil provincial.
Fundador y componente del "Grup-8", en 1968, y más tarde, en los años ochenta del
"Grupo Mirador", con otros destacados artistas. De su trayectoria profesional, cabe
destacar el premio especial recibido en 1979, por su participación en la VI Bienal
Internacional del Deporte en las Bellas Artes, celebrada en Barcelona, y a la que
concurrieron más de sesenta países.
En la actualidad, figuran en el currículum de Ódena cuarenta exposiciones individuales
y sesenta y una de colectivas. Obra suya se exhibe en ocho museos españoles y en
numerosas colecciones nacionales y extranjeras. Ódena ha sido distinguido con
distintos premios nacionales y extranjeros.
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La pintura, una necesidad.
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Hablando de su vocación artística, Ódena nos decía hace ya bastantes años, que él
siempre se había planteado la pintura no como una profesión, sino como una auténtica
necesidad anímica y espiritual. "Soy de los que necesitan pintar para vivir; era y
soy feliz así, pintando", afirmaba recordando su ilusionado aprendizaje en el taller
de su preceptor Cartanyà (desde los 9 a los 14 años de edad) cómo el maestro le
estimulaba a aprender dibujo como base fundamental de toda obra plástica.
Al tiempo, estudiaba en el colegio La Salle de Tarragona primero de Comercio, luego
Bachillerato, y aunque inició la carrera de Derecho, su vocación pictórica y otras
circunstancias le hicieron desistir de proseguir los estudios.
Ódena inició su mayoría de edad artística con el realismo, en el que pronto se
distinguió como un excelente paisajista. Inicialmente acuarelista, cultivó con éxito
esta técnica y con ella, entre los 20 y los 21 años, fue galardonado con dos premios
provinciales. Uno de ellos consistía en una caja de pinturas al óleo, lo cual hizo
que se decidiera, definitivamente, por la práctica de esta modalidad de pintura,
abandonando la acuarela.
La inquietud creadora del joven artista le inclinó, más tarde, a la abstracción, en
una etapa breve pero intensa, para acceder luego al surrealismo, asimismo muy
dignamente cultivado. Aún recuerda Ódena su sorpresa por el éxito que alcanzó en la
primera muestra de esta tendencia, celebrada en la sala de arte "Galera", de Reus,
que fue muy comentada en los medios culturales y artísticos.
Pero, finalmente, se impuso su criterio de madurez sobre la inquietud juvenil y las
"modas" de la época. En 1982, con más de veinte años de actividad artística, regresó
a la figuración y, de manera especial, al paisaje, en el que es un auténtico maestro.
Pintura de un impresionismo auténtico y personal a la que, lógicamente, ha ido
aportando los logros de su indeclinable vocación y sincera autocrítica, practicando
un ejercicio plástico de gran sensibilidad, técnica depurada y elaborada ejecución,
que subrayan el éxito de sus realizaciones.
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Tarragona: el amor de sus amores.
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Tarraconense íntegro y pleno, Ódena ha orientado fundamentalmente la temática de su
obra en los monumentos, plazas, calles y rincones típicos, entorno, paisaje urbano
y exterior de la Tarragona ancestral y actual. Temas ya familiares, conocidos de
siempre, a los que el artista dota de una exprevisidad propia, con esa luminosidad
y estilo que caracteriza cada cuadro. Sus obras muestran una visión distinta de la
ciudad y de su entorno, emanan una luz cálida, envolvente, acogedora, que parece
fijarse y quedarse sobre las piedras bimilenarias de su amada urbe.
Ódena conoce y ama su ciudad, donde asienta sus hogar y acaricia sus limpios amores:
la tierra, el paisaje, el clima, el mar; el tesoro moral y espiritual de su historia.
Mágico equilibrio de tonalidades, en las que los amarillos, ocres, verdes y azules,
sabiamente ordenados, aportan la mágica serenidad que caracteriza su pintura y que
mantiene, asimismo, al recrear el otro gran ámbito de su creatividad: la naturaleza
en la plenitud de su encanto.
Ódena es un plenairista total: de caballete plantado ante un sugestivo tema. La
inédita perspectiva de la muralla romana de Tarragona, una rafal de las ya escasas
masías que todavía pueden verse en las afueras de la ciudad, o en la Pobla de
Mafumet; la tranquila lámina del puerto de Tarragona, con los buques allí atracados
y las barcas de pesca del marinero barrio del Serrallo. Esplendor de las playas y
lejanos horizontes que se unen al mar. Justo es destacar la especial atención que
el artista muestra por el delta del Ebro, que conoce al detalle, y por el mítico
río ibérico, los ancestrales embarcaderos, las luces increíbles del atardecer,
reflejadas en la gran llanura que muestra el espejo remansado del gran arrozal.
Todo ello, en una singular versión lírica de total placidez y serenidad, de la
realidad con que Ódena dota a su obra. Pintura de gran belleza, comunicativa,
sumamente atractiva, propia de un gran maestro que se halla en su plenitud
creadora.
Vicente J. Amiguet
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(Haga click con el ratón sobre la imagen para verla ampliada)
El pou
Dimensiones:38x46cm
Técnica: óleo sobre tela
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La bústia
Dimensiones:46x61cm
Técnica: óleo sobre tela
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Platja Sabinosa
Dimensiones:100x100cm
Técnica: óleo sobre tela
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Arrossars
Dimensiones:55x38cm
Técnica: óleo sobre tela
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Arribada del pilar de cinc
Dimensiones:61x50cm
Técnica: óleo sobre tela
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El Goleró
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Tardor
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