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José Benet Espuny.
Pintor.

Técnica: Óleo, dibujo, grabado
Estilo: figurativo
Ciudad: 43500 Tortosa
Calle: Barranc de Caputxins, s/n
Teléfono: 977 44 33 36


Por Vicente J. Amiguet

"Es uno de los grandes paisajistas de nuestro tiempo", escribió de él en los años setenta del siglo XX el marqués de Lozoya, a la sazón director general de Bellas Artes. En la presentación del catálogo, con motivo de la exposición del pintor tortosino en la sala Quixote de Madrid (noviembre-diciembre de 1972), destacó que "en la rica historia del paisajismo español (el paisaje nace en España con Velázquez) habrá que situar, como hitos importantes, algunos de los paisajes de José Benet". "En sus grandes óleos, -escribía -, en que predominan los paisajes urbanos, que son mi encanto también, la pincelada es cada vez más fácil y más certera, y sus cuadros tienen, cada vez, mayor carga de emoción".

Respecto al Benet retratista, el marqués y critico de arte, significaba que "sus retratos están dotados de la facultad hispánica - don divino - de captar el alma del modelo; de penetrar en el hondo secreto de su vida". Y añadía: "Hay también en su obra naturalezas muertas, en que se acerca a la íntima belleza de las cosas humildes".


Benet Espuny pintando en Venecia. Otoño de 1949.

INSIGNE DIBUJANTE

El marqués de Lozoya seguía con creciente admiración la evolución del pintor y la serie de sus hallazgos. Dijo de él que "José Benet es uno de los más insignes dibujantes del momento actual (año 1972). Su lápiz, a fuerza de experiencias acumuladas, ha adquirido esa intuición; esa mágica facultad de expresarlo todo con unos pocos rasgos certeros: la calidad de las cosas, la huella que deja el tiempo -también el tiempo pinta, decía Goya- en los muros vetustos de los palacios y en las casitas, tan impregnadas de humanidad, de Italia y de España. Sus dibujos de su Tortosa nativa, de Roma, de Venecia, de Quito, de Nueva York -también hay belleza en fábricas y rascacielos- son maravillosos".

ELEGIDO SOCIO HONORARIO DE
THE HISPANIC SOCIETY OF AMÉRICA DE NUEVA YORK

El magistral creador tortosino fue elegido el 11 de diciembre de 2001, por unanimidad de la Junta Administrativa, Socio Honorario de The Hispanic Society of América, radicada en Nueva York. Así lo confirma una comunicación recibida por el pintor, firmada por el director de la misma, Mitchel A. Codding.

Theodore S. Beardsley, Jr., presidente de "The Hispanic Society of America", con sede en Nueva York, con tal motivo, ha escrito que "la obra de José Benet Espuny es testimonio brillante a la universalidad del arte español. Siendo antes y todo completamente español, Benet es ciudadano del mundo - desde Roma hasta Nueva York y Venezuela. Y por su obra es testigo consumado de la influencia de sus experiencias internacionales, siempre a través de ojos y dedos de España. Aquí, en la Hispanic Society, sentimos mucho orgullo por el buen número de sus obras que forman una parte permanente de nuestra colección".

El prestigioso Catedrático y crítico de arte, F. González Cirer, ha escrito del singular artista que "lo que amamos más de la obra de Benet Espuny es la delicadeza con que ve y traduce los estados del alma del paisaje, su espontáneo hallar los elementos esenciales del tema y lo certero de su jerarquización. Este estar todo en su sitio se ofrece al espectador a través de una pincelada transparente y neta, solista, en algún modo, en este concierto de la naturaleza".

TORTOSINO Y CATALÁN UNIVERSAL

Manuel A. Marqués, pintor, licenciado en Bellas Artes y biógrafo del maestro tortosino, opina que "Benet Espuny no pinta paisajes, él pinta autorretratos, porque como decía Delacroix, el tema es él mismo, sus impresiones y emociones. Delante de la naturaleza él mira hacia su interior y no a su alrededor, y por ello nos ofrece estos paisajes tan personales, porque son paisajes... interiores".

UN HOMBRE HONRADO

En la tesina que Manuel A. Marqués presentó sobre el pintor en la Facultad de Bellas Artes Sant Jordi de Barcelona, se preguntaba: "¿Es Benet Espuny un pintor que dibuja? ¿Un dibujante que graba? ¿Un grabador que pinta?" Y él mismo respondía: "Benet Espuny es, antes que todo esto, un hombre honrado que ha dedicado toda su vida, sin esperar nada a cambio, al arte. Benet -continúa- desde que tenia uso de razón no ha hecho otra cosa que dibujar, grabar y pintar; una técnica le ha servido para mejorar la obra, pero siempre evitando ser demasiado hábil, porque la habilidad del pintor va en contra de su arte. (...) Benet, cuando no ha podido desnudar más el dibujo con el lápiz, lo ha hecho con el buril, y cuando no con el pincel, porque su trabajo ha sido este: desnudar, simplificar, abstraer; porque crear no es lo que tontamente se cree: hacer, poner, sumar; sino deshacer, sacar, restar".

LA OPINIÓN DEL PROTAGONISTA

Pero, escuchemos la opinión del protagonista en unas declaraciones formuladas a la prensa. Dice sobre el paisaje que "ha sido y es para mí algo tan inmensamente grande como el mismo mundo, pero un mundo que se vuelve muy propio e íntimo, en el sentido más humano de la frase. Podría decir que es como una ventana a la que estuviéramos siempre asomados, de tal forma que nos muestra continuamente variaciones compositivas, sus juegos luminosos y cromáticos. El gusto personal de cada uno impondrá finalmente la elección de un tema afín a nuestra formación y particular sensibilidad".

Vendrá luego la manera de verlo y plasmarlo -contesta-, con ayuda de medios materiales: el lápiz, el carboncillo, la pasta de color, el oficio adquirido y, muy especialmente, con una disposición especial de espíritu que juzga, valora y reproduce para el espectador las sensaciones e intuiciones vividas por el artista ante el motivo".

Se le pregunta cómo crece sobre la tela el modelo elegido por el artista, a lo que Benet responde que el pintor "analiza las masas que se destacan y las que actuan sólo como complementarias, cómo se equilibran entre ellas, la calidad de la luz en el momento, las sugerencias de tonos, la sutilidad de los matices; gama extensísima de sensaciones que el paisajista sabe sopesar, eliminar o usar en razón de la intención que debe regir el cuadro. Y venir luego a simplificar, siempre simplificar, acción en la que se encuentra el auténtico valer del artista".

SU DEFINICIÓN COMO ARTISTA

En la tesina para la licenciatura de Arte, en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid, Benet escribe que "si yo tuviera que definirme me situaría en la línea de los pintores que no se conforman con el paisaje emoción y postulan, también, el paisaje análisis; y como uno sabe que esa meta es inalcanzable de antemano, que hay siempre un más allá teórico, puesto que cuando uno estudia fragmentos y conjuntos de grandes maestros, lo de genios, se queda pequeño, porque lo que parecen más bien, son milagros realizados por criaturas humanas; esto es, también, consuelo a todos nuestros desvelos y a nuestras inconformidades, ya al final de una vida dedicada a un quehacer artístico".


Benet Espuny, en el taller de grabado de la Escuela de
Arte de Tortosa, donde impartió clases durante 14 años.

UN PAISAJE ES UNA EMOCIÓN SENSORIAL

"Un paisaje es para mí -señala-, una emoción sensorial, pero también, una estructura, aún con los más simples elementos, con los que me recreo en conseguir la simplificación estética hasta de la pincelada. No se puede comprender de ninguna forma a un pintor paisajista, sin el dominio sólido del paisaje y si no aporta conclusiones muy definidas sobre el fenómeno de la naturaleza-ambiente. Todo esto se hará, lógicamente, sin desproveer al paisaje de los requisitos emocionales y líricos. Analizando su estructura interna y sin despreciar la gracia del pétalo o el temblor de una nube; y este anhelo -ya desde mis comienzos-, ha sido, con todos los altibajos, de ánimos y desánimos, mi largo caminar, mi propósito y meta paisajística; trayectoria y empeño a seguir dentro de esta línea de investigación, perfectibilidad y avance, a lo que, quizás me ayudara en lo estructural, sobre todo la práctica alterna del dibujo y el grabado".

VEINTE AÑOS FUERA DE ESPAÑA

Benet Espuny vivió más de veinte años fuera de España, primero, cuatro como pensionado de Paisaje en la Academia de Bellas Artes de España en Roma; luego, dos años en Nueva York, con motivo de haber sido galardonado con la Pensión del premio "Conde de Cartagena" y, últimamente, catorce años más en América del Sur, a lo que hay que añadir sus estancias en los países nórdicos de Europa. Su obra es universal; se encuentra muy diseminada en todo el mundo. Dicen que visitar su estudio es como viajar por dos continentes.

Después de su estancia en América, maduró su personalidad y su paleta. Se hizo más profunda la captación de los paisajes. Se adivina en su obra más reciente como un gozoso reencuentro con su tierra natal, después de tantas ausencias. Pudo haberse quedado en América para siempre; de allí son su mujer y sus tres hijas. Pero Benet Espuny siempre tuvo la nostalgia y el imperioso anhelo de regresar. Encontrarse de nuevo con sus gentes, los paisajes de la tierra, los recuerdos familiares que tantas veces pintó, dejando plasmada la imagen de las "Terres de l'Ebre" por todo el mundo. El admirado artista ya ha logrado su empeño. Afincado de nuevo en su tierra, pinta con fervor renovado.

EL PRIMER DIBUJO, A LOS SIETE AÑOS

José Benet Espuny nació en Tortosa (Baix Ebre, Tarragona) el 1 de agosto de 1920. Fue bautizado en la Catedral, en la pila bautismal del Papa Luna. Hijo de Felip Benet Estupinyà y de Rosa Espuny Durán, fue el segundo de cinco hermanos: una mujer y cuatro varones. Procede de una familia artesana dedicada a la carpintería, la talla y el dorado. Desde muy pequeño reveló cualidades para el dibujo y facilidad para observar y reproducir su entorno con gran imaginación, por lo que sus padres decidieron que aprendiera dibujo de la mano de los pintores Ricard y Antoni Cerveto.

En una larga charla mantenida con Vicente J. Amiguet, publicada en la Revista del Diari de Tarragona, Benet Espuny desgrana un rico y ameno anecdotario, desde que, muy niño aún, dijo a sus padres que quería ser pintor, en aquella Tortosa de los años treinta (siglo XX).

UNA FAMILIA DE ARTESANOS

"Éramos una familia artesana -confiesa- dedicada a la carpintería, la talla y el dorado. Mi padre construía altares para las iglesias. La restauración y el policromado son lo que más me gustaba. Por ello, mis aficiones artísticas no fueron mal recibidas sino apoyadas en seguida. Mis padres me enviaron a dibujar con don Ricardo Cerveto. Más tarde, por tener menos alumnos con su hermano Antonio, que trabajó con Agustín Querol. Era una familia de pintores y escultores de gran prestigio en la ciudad". Corría el año 1934.

En la escuela del maestro Duart aprendió las primeras letras. Cuando tenia siete años dibujó, con singular éxito, a una vecina que estaba zurciendo calcetines. A raíz de este hecho, sus padres decidieron enviarlo a las clases de dibujo de los hermanos Cerveto. A los quince años, Benet Espuny pintó su primer óleo. En Ampolla (Baix Ebre), el pintor Ferran Arasa, pariente suyo, estuvo aposentado en casa de los padres de Benet. Junto a su primo (la hermana de Arasa era su madrina), Benet descubrió la pintura al óleo y pintó una marina del natural. Ahora el artista tortosino recuerda con ternura y gratitud cómo Arasa le animaba y le estimulaba a pintar.

LA GUERRA CIVIL

Pero en 1936 estalló la guerra civil española, que truncó el aprendizaje del joven artista, como la de tantos españoles jóvenes de la época. Pasó el primer año de la contienda en Tortosa. Siempre llevaba un lápiz y una libreta en el bolsillo para dibujar. No tenía dinero, pero nunca le faltó la libreta y el lápiz. En 1938 fue llamado a filas (quinta del biberón), cuando no había cumplido los 18 años. Se incorporó al Quinto Cuerpo del Ejército republicano, a las órdenes del general Lister (División El Campesino, 101 Brigada de Choque).

LA BATALLA DEL EBRO

Participó en la batalla del Ebro. Es emocionante oír contar a José Benet relatos de la guerra; narrar sus aventuras bélicas por las sierras de Cavalls y Pandols. Su condición de dibujante le salvó la vida. Gracias a sus aptitudes pudo estar lejos del frente; fue destinado al Estado Mayor de la Brigada. Su trabajo era copiar, calcar o dibujar planos y, al mismo tiempo, realizar dibujos ampliados de las fotos de los familiares de sus superiores, especialmente de sus esposas o novias. Pero nunca olvidará su paso del Ebro, el día de San Jaime, entre Miravet y Benissanet, al que sobrevivió milagrosamente.

Durante la guerra, estuvo en el Pere Mata de Reus, que fue hospital de guerra, y luego también estuvo allí como prisionero de guerra. Una vez incorporado al hogar familiar volvió a practicar su afición al dibujo. La guerra civil interrumpió sus estudios, pero tan pronto como concluyó prosiguió su aprendizaje junto a Arasa.

RECUERDOS DE LA GUERRA

Muchos años después, Benet Espuny recorrió con su caballete, las telas, los pinceles y las pinturas, los lugares más emblemáticos de la batalla del Ebro: Cavalls, Pandols, la venta de Camposines, el Coll del Moro, el castillo de Miravet, Benissanet, Corbera, Gandesa (Pic de la Mort, La Fontcalda), la ermita de Santa Magdalena, el río Canaleta, los montes de Cardó, el Coll de Som, la orilla del Ebro desde Tivenys, el macizo de La Fatarella, Vilalba dels Arcs y las impresionantes panorámicas de Els Ports, como las Roques de Benet, entre otros lugares.

Sus pinceles han inmortalizado los lugares más emblemáticos de la contienda y aquellos que él recuerda con especial afecto. Todo ello, recogido con la fuerza de su dibujo, la rica pasión de su color y un admirable sentido de poética grandeza. Es como sublimar, en esencia plástica y con simplicidad austera, los escenarios del drama. Escribía A. Mateos sobre el tema, afirmando que "La montaña, el árbol y el río permanecen, como mudos testigos, cuando ya los huesos son polvo bajo el sol y los casquillos de las viejas metrallas y municiones, se desmenuzan, oxidados, al paso del pintor, que busca, entre las escarpadas soledades, el mejor punto de vista para su obra".

"Y un sentimiento de dolor por el ayer y de esperanza por el futuro -concluye-, queda en el paisaje sobre el lienzo o la tabla. Todo ello, uno más de los valores fundamentales de la obra creada por Benet Espuny, caracterizada por una profunda, grandiosa y dramática belleza".

Continuación de la crónica.

 
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