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Matías Palau Ferré. Pintor, ceramista y escultor.


Biografía.

Matias Palau Ferré nació en Montblanc el 24 de agosto de 1921. Nunca confesaba su edad, y solía decir: "Sempre s'és jove per morir". Era una persona reservada y de pocas palabras. Tenia muy enraizadas sus convicciones: "Soc pintor, sempre ho he sigut; si tornés a néixer, mil vedgades, mil voltes seria pintor. Había confesado más de una vez que se refugiaba en Montblanc para projectar su obra al mundo. Ha sido el artista contemporáneo más universal que ha dado renombre a la villa ducal y a las comarcas de Tarragona. Se formó en la Escuela de Bellas Artes "Sant Jordi" de Barcelona.

En 1957 fue becado por el Gobierno francés para perfeccionar sus estudios en la Escuela de Bellas Artes de París. El mismo año expuso su obra en el Salón de Octubre de Barcelona, en el Ateneo de Madrid y en la National Book de Londres. En 1959 amplía sus estudios con el escultor ruso ZBO, y expone en la Galería Paul Cézanne de París. En 1961, cursa estudios también en la Escuela Italiana de Arte y en la de Bellas Artes de París. En 1971 fue invitado por la ciudad de Siracusa, en el Estado de Nueva York, en calidad de único pintor en el homenaje que se tributó a Picasso, con motivo de su 90 aniversario. En febrero de 1984 las Aulas de Arte Ibero-americanas le ofrecen un homenaje en Madrid. El mismo año expone en la Fundación de Caixa Barcelona, en Tarragona. En 1992 expone en Can Cisteré, en Santa Coloma de Gramanet. En 1993 expone en Mechanicsburg ( Pennsylvania), y en Washington. En 1994 expone en el patio gótico del Consell Comarcal del Solsonés, en Solsona. Su última exposición la realizó en el castillo/monasterio de Sant Miquel d'Escornalbou (Tarragona), organizada por el Departamento de Cultura de la Generalitat, en homenaje al genial pintor.

El delfín de Picasso.

Considerado por algunos críticos de arte como "el delfín" de Picasso, tendrá Casa-Museo y Fundación en Montblanc, ciudad que le vio nacer y en la que inspiró la mayor parte de su obra. El Ayuntamiento de la villa ducal y la familia del artista, recientemente fallecido, han llegado a un acuerdo para la creación de la Casa-Museo Palau Ferré a Cal Francí, casa "pairal" del popular artista, y constituir una Fundación que llevará su nombre.

Jaime Ferrán le puso música de Hindemith y prosa de arcángel a su obra "Matías, el pintor". Pero uno no logra imaginar que sean así los genios. Matías, el pintor, parecía un payés del Camp de Tarragona, que es la pura esencia de la catalanidad. Iba por la vida tirando recto, desafiando la vulgaridad con aplomo sacerdotal y místico, cercano a la regla del monasterio de Poblet.

Cubismo sintético, fauvismo catalán y grafismo oriental.

Según ha escrito Carlos Arean, ex director del Museo de Arte Contemporáneo de Madrid, en la obra de Matías, el pintor, hay tres elementos fundamentales: la tradición histórica española, europea y universal. De la tradición española, Matías bebe del cubismo sintético, pese a que acabó como movimiento pictórico en 1921, aunque Picasso continuó pintando algunas figuras cubistas durante los cinco años siguientes. Pese a ello, "los pintores que se inician desde el cubismo sintético -señala Arean- no pueden volverse atrás de la manera en que lo hicieron sus precursores, sino de una manera original y nueva, y en las pinturas de Palau Ferré la esencia de la organización volumétrica del cubismo sintético está capturada".

La segunda característica histórica de las pinturas de Matías es lo que tienen de fauvismo catalán, porque no hay que olvidar que si Cataluña ha expresado su propia alma en el siglo XX, ha sido a través del fauvismo, que denominamos así por el término francés, pero el fauvismo catalán, pese a que tiene la felicidad coloreada del francés, es totalmente diferente porque sus colores están mejor ligados.

Su tercera característica es el grafismo alado de origen oriental, una cosa que nosotros, los europeos, nunca hemos sido capaces de interpretar, y que está presente en las mejores pinturas de China, Corea, Japón, el Tíbet i el Nepal.

Se trata de una manera diferente de ordenar el espacio, más plano que tridimensional, y con múltiples perspectivas, no solamente desde un punto de vista sino desde muchos de ellos.

Vallès Rovira, crítico de arte, lo definió así la fuerza expresiva del gran pintor de la Conca de Barberà: "acusats vermells, blaus, gros, colors primaris, foc, aigua, claredat, plegats concentren miracle força astral".

Quemaba los cuadros que pintaba.

Pero fueron los insólitos actos de quema de los cuadros que pintó durante una larga época de su vida, los que lanzaron su obra y su figura a la popularidad universal. Firmó con un avispado marchante de Reus un contrato leonino, aprovechándose de la buena fe del artista. Le vendió dos casas por un millón de pesetas (del año 1964), cantidad que el marchante cobraría en metros cuadrados de tela pintada al óleo, rubricada por el artista, al precio de 10.200 ptas. el metro cuadrado. El contrato le obligaba a pintar unos 200 m2 de pintura al óleo, a no exponer sin permiso del marchante y a no vender ningún cuadro sin su consentimiento.

Con el tiempo, la cotización de la obra de Palau Ferré había subido como la espuma. Sus telas tenían una cotización superior al medio millón de pesetas de aquellos tiempos. Había pagado una casa y la mitad de la otra, y propuso al marchante abonar el resto en dinero. Pero éste se opuso; el asunto llegó hasta el Tribunal Supremo, que dictó una sentencia que obligaba al pintor a pintar los 42 m2 de tela que restaban para saldar el pago de la segunda vivienda.

Esta situación produjo en el artista una profunda crisis artística y espiritual que le hizo tomar la fatal decisión de quemar todos los cuadros que pintaba, como protesta por la humillación que suponía la sentencia judicial. Palau Ferré lo explicó más de una vez: "Era muy feliz quemando mis cuadros... Yo daba a mi obra vida y muerte a la vez ("reanixença i etern retorn"). Era una poesía sin rima. Me liberaba de mi esclavitud en virtud de un acto poético. El Arte llegó a parecer, para mi, una forma de prostitución, pues aquellos contratos suponían vender mi alma a un ser humano..." (La Vanguardia, 31 de mayo del 92).

Pero no hay mal que por bien no venga. Un senador norteamericano, coleccionista de la obra de Palau Ferré, invitó al artista a su casa y le solicitó las cenizas de los cuadros que quemaba para exponerlas en museos de los Estados Unidos, como testimonio de la importancia de la libertad artística. Hoy, cenizas de cuadros quemados se hallan en museos USA. Palau Ferré pensó que "la voz del silencio es la que tiene mayor fuerza e interpreté que la violencia silenciosa me permitiría conseguir unos derechos, ante la necesidad que tenia de continuar pintando. Por eso opté por quemar mis cuadros". (El Correo Catalán, 17 junio 85).

Él mismo se define.

Cuando se le preguntaba que definiera su pintura, solía responder: "Mi pintura no la sabría definir. Sé como soy, me conozco, sé adónde quiero ir. Tengo, como todo el mundo, mi profunda verdad. La pintura es la forma en que la expreso, mi relación con la vida, aquella verdad que podría ser, por la que lucho para que pueda ser. La siento internamente, no en el exterior, por eso nunca intento destruir sino integrar, pintar la naturaleza con unos principios culturales asumidos y conocidos".

Admiraba el arte rupestre.

Cuando se le preguntaba qué artista admiraba más, solía responder: "Es difícil decir qué artistas admiro. De todos he aprendido algo. Pero si yo tuviera que decir que admiro profundamente a algún pintor, sería a ese colega desconocido de la cueva de Altamira; ese hombre que, entre todas las cosas que le rodeaban, supo dar a la pintura la primacía del arte, que hizo del arte una expresión natural". Se declaraba, también, admirador de Zurbarán porque "transmite paz interior a través de sus telas".

Uno de los pintores españoles más cotizados.

Su obra ha sido reconocida universalmente. En el extranjero apreciaron desde sus inicios la trascendencia de su arte. Ha sido en el continente americano y en Japón donde han admirado su arte en mayor medida. La crítica internacional y las televisiones del mundo iban a verlo y entrevistarlo en su estudio de Montblanc. Obras suyas se hallan en los museos más importantes del mundo. Era uno de los pintores españoles más cotizados en el extranjero. Salvador Dalí le profesaba un profundo respeto.

Matías solía decir que no le preocupaba su promoción artística. "Estoy aquí, en Montblanc, muy tranquilo, apartado de los embrollos del mundo artístico". Y añadía: "Paseo mucho por los campos de Montblanc. Con frecuencia, por los mismos lugares de siempre, porque no busco escenarios sino sensaciones. A veces, la luz crea formas nuevas y sorprendentes que nunca has podido ver aunque te conozcas todos los objetos que forman el paisaje". Esta peregrinación sensual y panteísta le ayudaba a encontrarse a sí mismo.

Montblanc era su fuerza astral.

Hoy, Matías, el pintor, descansa definitivamente en su idolatrado Montblanc, porque "el paisatge m'inspira i m'hi sento lliure", solía confesar a sus íntimos. Para él, Montblanc es como un paraíso en el que todos sueñan en la gran ciudad. Su espíritu inquieto e indomable continuará paseando por sus campos y montañas, en los mismos lugares donde lo hacía siempre "perquè no hi caço escenaris, sinó sensacions..." Y, una vez más, desde la eternidad susurrará a nuestro oido: "Montlblanc per a mi ho es tot. Em dóna la pau, les dies feliços, les hores amb parsimònia..." Esta era, sin duda, la fuerza astral que mantenía viva y pujante la obra de Palau Ferré.

Galería virtual.




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